Poner fin a un matrimonio no solo implica cerrar una etapa emocional, sino también ordenar la realidad financiera de la familia. En muchos casos, uno de los cónyuges dedicó gran parte de su tiempo al cuidado de los hijos y del hogar, postergando su desarrollo laboral o profesional.
Para corregir ese desequilibrio económico, la legislación chilena contempla la compensación económica.
A continuación, te explicamos en qué consiste, cómo se calcula y cuáles son los requisitos clave para exigirla.
¿Qué es la compensación económica?
Es un derecho que otorga la ley al cónyuge que, por haberse dedicado al cuidado de los hijos o a las labores propias del hogar común, no pudo desarrollar una actividad remunerada o lucrativa durante el matrimonio, o lo hizo en menor medida de lo que podía y quería.
Su objetivo no es sancionar al otro ni generar un enriquecimiento, sino compensar el menoscabo económico sufrido tras el quiebre del matrimonio.
¿Cómo se determina el monto de la compensación?
El juez de familia no fija una suma al azar. Para evaluar la cuantía, se ponderan factores como:
- La duración del matrimonio y de la vida en común.
- La situación patrimonial de ambos.
- La buena o mala fe.
- La edad y el estado de salud del cónyuge beneficiario.
- Situación en materia de beneficios previsionales y de salud.
- Cualificación profesional y posibilidades de acceso al mercado laboral.
- La colaboración prestada a las actividades lucrativas del otro cónyuge.
¿Cómo se paga la compensación económica?
Las partes pueden acordar el monto y la forma de pago de mutuo acuerdo, o bien el juez lo determina en la sentencia. Puede materializarse mediante:
- Pago de una suma de dinero en una o varias cuotas.
- Constitución de usufructo, uso o habitación sobre bienes del otro cónyuge.
- Cesión de derechos sobre bienes.
- Traspaso de fondos de la cuenta de capitalización individual de la AFP.
Cada caso requiere una evaluación rigurosa de los años de matrimonio, la vida en común, trayectoria laboral de ambos cónyuges y la situación patrimonial actual. Una buena asesoría es clave para defender lo que te corresponde o evitar exigencias desproporcionadas.